A una asesoría no la eligen por la web. Pero sí la descartan por no tener ninguna. Esto es lo que tiene que llevar la de un despacho para que la recomendación no se enfríe por el camino.
Las asesorías y las gestorías viven del boca a boca, y eso no ha cambiado. Lo que ha cambiado es lo que pasa después: cuando alguien te recomienda, lo primero que hace el otro es buscarte en el móvil. Si no apareces, o aparece una página de hace ocho años que no se ve bien, esa recomendación se enfría sola. La web de un despacho no está para convencer: está para confirmar.
1 · Qué hacéis, dicho como lo busca la gente
Nadie busca «asesoramiento integral». Busca «darse de alta como autónomo», «hacer la renta», «llevar las nóminas de tres empleados», «modelo 303», «constituir una sociedad», «una herencia». Cada una de esas cosas merece su apartado, con dos o tres frases que se entiendan.
Es la diferencia entre una web que sale cuando alguien busca su problema y una que solo sale cuando ya conocen vuestro nombre. Y si sois fuertes en algo concreto —agrario, comunidades de propietarios, extranjería, sucesiones—, que se vea: filtra a la gente que os conviene.
2 · A quién atendéis
No es lo mismo llevar un autónomo que una empresa con veinte trabajadores. Decirlo por adelantado —«trabajamos con autónomos y pymes de hasta X empleados»— evita dos cosas: que os llame quien no encaja y que se marche sin preguntar quien sí.
3 · Que puedan escribiros sin llamar
Buena parte de las consultas llegan fuera de horario, porque el autónomo mira sus cosas cuando cierra. Si a las once de la noche solo hay un teléfono, esa consulta se pierde o se va a otro despacho.
Con un formulario corto basta: qué necesita, si ya está dado de alta, y un teléfono o un correo. Y el botón de WhatsApp visible, que es por donde viene la mitad. Lo importante no es el formulario: es que la respuesta llegue a alguien que la vaya a leer.
4 · Los precios, aunque sea una horquilla
Es lo que más se pregunta y lo que casi ningún despacho pone. Se entiende el motivo: depende del volumen, de si hay nóminas, de si hay IVA trimestral. Pero un «desde X al mes para un autónomo sin trabajadores» ahorra media hora de teléfono al día y espanta a quien iba buscando lo más barato.
Si no queréis dar cifras, dad al menos qué incluye una cuota mensual y qué se factura aparte. Lo que no se puede es no decir nada: quien no encuentra el precio asume que es caro.
5 · Quién está detrás
Aquí no se contrata a una empresa: se contrata a una persona a la que vas a contarle lo que ganas. En una asesoría, la página de «quiénes somos» no es relleno, es la que cierra.
Nombres, caras de verdad —no fotos de banco—, desde cuándo estáis, y la titulación o el colegio profesional si lo tenéis. Con eso basta. Un despacho con nombres y caras transmite más que cualquier frase sobre la excelencia y el compromiso.
6 · Que se os encuentre sin saber vuestro nombre
Dirección, mapa, horario real y teléfono a un toque. Y la ficha de Google al día, que es donde mira casi todo el mundo antes de entrar en la web. Mucha gente busca «asesoría» y el nombre de su pueblo, y quien sale ahí es a quien llama.
Si tenéis más de una oficina, cada una con su página y su dirección. Una sola página con las tres direcciones apiladas no la encuentra nadie.
Lo que sobra
- Las noticias fiscales copiadas de un boletín. No las lee nadie, envejecen en tres meses y dan la impresión de despacho abandonado cuando la última es de 2023.
- El «quiénes somos» sin nombres. Tres párrafos sobre la vocación de servicio y ni una persona. Es justo lo contrario de lo que se busca.
- La retahíla de iconos —fiscal, laboral, contable, mercantil— sin una línea que explique qué hacéis en cada uno.
- El área de clientes que nadie usa. Si los documentos van por correo o por WhatsApp, no montéis un portal para que se quede vacío.
¿Quieres ver la de vuestro despacho? Os la montamos con vuestro nombre, vuestros servicios y vuestra gente, funcionando entera, para que la veáis antes de decidir nada. Se pide aquí y no cuesta nada.

