Vas a pagar a alguien para que te haga la web y te van a dar un precio. El precio es lo de menos: estas siete preguntas son las que deciden si dentro de dos años esa web sigue siendo tuya, sigue funcionando y sabes lo que te cuesta. Con las respuestas delante, comparar dos presupuestos deja de ser adivinar.
Lo decimos con la mano en el pecho: nosotros vendemos webs, así que lee esto sabiendo de dónde viene. Pero las preguntas valen igual nos la encargues a nosotros o a otro, y la mitad de las webs que nos llegan «rotas» no las hizo nadie mal: las contrató alguien que no sabía qué preguntar.
1 · ¿El dominio va a mi nombre?
Es la pregunta número uno y la que casi nadie hace. El dominio —tunegocio.es— es lo único de la web que no se puede rehacer: si está a nombre de quien te la hizo, el día que quieras cambiar de proveedor te vas sin tu dirección, y con ella se van las tarjetas, el Google Maps y los enlaces de años.
La respuesta buena es «a tu nombre, con tu correo, y tú tienes las claves del registrador». Todo lo demás —«lo gestionamos nosotros», «va incluido»— hay que preguntarlo dos veces. Cómo comprobar de quién es un dominio que ya existe: quién es el dueño de tu dominio.
2 · Si un día me voy, ¿me llevo la web? ¿Cuánto cuesta irse?
Hay dos tipos de web: la que se exporta y la que no. Una web hecha con WordPress —o con cualquier programa que se pueda instalar en otro sitio— se copia entera y se lleva. Una web hecha dentro de la plataforma de un proveedor (un «constructor» propio, un editor por suscripción) no sale de ahí: si te vas, empiezas de cero.
Ninguna de las dos es mala en sí. Lo malo es no saberlo. Pregunta literalmente: «si dentro de un año me voy, ¿qué me llevo y qué me cuesta?». La respuesta tiene que ser una lista y una cifra, y la cifra buena es cero.
3 · ¿Qué se paga hoy y qué se paga cada año?
Una web tiene dos precios y solo te suelen decir uno. El de hacerla se paga una vez; el de tenerla —dominio, alojamiento y mantenimiento— se paga todos los años, y es donde se esconden las sorpresas: el alojamiento «gratis el primer año» que después son 200, el dominio que se factura aparte, la cuota que no se mencionó.
Pide las dos cifras por escrito: hoy y cada año. Y pide que la segunda venga desglosada, porque «todo incluido» no dice qué está incluido. Lo tenemos desmenuzado en cuánto cuesta mantener una página web al año.
4 · ¿Puedo verla antes de pagar?
Lo normal en este oficio es al revés: se paga una parte, se hace la web y se ve al final. Funciona si el que la hace es bueno y te ha entendido; si no, ya has pagado. Cada vez hay más gente —nosotros entre ellos— que monta primero una muestra con tu negocio, con tu nombre y tus textos, y la enseña antes de que decidas.
Si te ofrecen una muestra, mírala en el móvil, no en el ordenador: es donde la va a ver tu cliente. Si no te la ofrecen, pide al menos ver tres webs que hayan hecho para negocios como el tuyo, y ábrelas en el móvil también.
5 · ¿Quién escribe los textos y de dónde salen las fotos?
Es la pregunta que más retrasa las webs. Muchos presupuestos dan por hecho que los textos los pones tú, y una web se queda meses parada esperando un párrafo de «quiénes somos» que el dueño del negocio nunca escribe. Pregunta si los redactan ellos a partir de lo que les cuentes, o si tienes que entregarlos tú.
Con las fotos, lo mismo: si van a ser de banco de imágenes, se nota y resta. Las del móvil de tu negocio, hechas con luz, valen más que cualquier foto comprada de un taller que no es el tuyo.
6 · Cuando quiera cambiar un precio o un horario, ¿qué hago?
Una web se toca poco, pero se toca: un precio, el horario de verano, una persona nueva en el equipo. Hay tres respuestas posibles y conviene saber cuál te dan: lo cambias tú desde un panel (y entonces pregunta si te van a enseñar a usarlo), lo cambian ellos dentro del mantenimiento (y entonces cuánto tardan), o lo cambian ellos y lo cobran cada vez.
Ninguna es mala. La tercera sin avisar, sí.
7 · ¿Va a salir en Google?
Aquí conviene desconfiar de quien diga que sí sin más, y también de quien te venda «SEO» como un extra de tres cifras al mes para una web de cinco páginas. Lo honesto es esto: una web bien hecha sale por el nombre de tu negocio en pocas semanas, y salir por «fontanero en Mérida» depende de tu ficha de Google Maps más que de la web. Pregunta si la web se entrega con lo básico en orden —títulos, textos que digan a qué te dedicas y dónde, velocidad, la ficha enlazada— y desconfía de las promesas de «primera página».
Lo que puedes comprobar tú, y gratis: cómo poner tu página web en Google y cuánto tarda en encontrarla.
Lo que no hace falta preguntar
Con qué programa la hacen. Importa menos de lo que parece, salvo por la pregunta 2: que se pueda llevar. Cuántas revisiones incluye. Si hay muestra antes de pagar, las revisiones sobran; si no la hay, tres suelen bastar y diez son señal de que nadie se entendió. Si es «responsive». En 2026 toda web lo es; lo que hay que hacer es abrirla en el móvil y mirar, no preguntar.
Nuestras respuestas, por si sirven de referencia
Para que puedas comparar con algo concreto: el dominio va a tu nombre desde el primer día; la web es WordPress y se exporta entera, irse cuesta 0 €; hoy son 299 € la web informativa y 599 € la tienda, y cada año 199 € con el dominio, el alojamiento, tres correos y el mantenimiento dentro; la muestra la ves antes de pagar, en 48-72 horas; los textos los escribimos nosotros a partir de lo que nos cuentes; y los cambios pequeños se mandan por WhatsApp y los metemos nosotros. Todo, con un ejemplo de factura, en la página de precios.
Preguntas que nos hacen
¿Y si ya tengo la web hecha y no pregunté nada de esto?
Se puede comprobar casi todo a posteriori: de quién es el dominio se mira en dos minutos, y si la web se puede exportar se sabe por con qué está hecha. Si quieres, nos pasas la dirección y te decimos en qué situación está, sin coste.
¿Un presupuesto más caro es mejor?
No necesariamente. Entre 300 y 900 € la diferencia suele estar en las horas de diseño a medida y en la agencia que hay detrás, no en que la web funcione mejor para un negocio pequeño. Por encima de eso ya hablamos de tiendas grandes, aplicaciones o campañas. Lo que importa es que las siete preguntas de arriba tengan respuesta, cueste lo que cueste.
¿Me lo tienen que dar por escrito?
Sí, y no hace falta un contrato de diez páginas: un correo con las respuestas vale. Lo que no queda escrito se olvida, y en una web lo que se olvida se paga al cabo de un año.
¿Y si me la hace un conocido o un familiar?
Las mismas preguntas, con más razón: es donde más veces el dominio acaba a nombre de otro y donde nadie se atreve a preguntar cuánto cuesta irse.
Si quieres hacernos las siete a nosotros, están contestadas arriba, y la muestra de tu negocio se pide en tu web de muestra: la ves montada y luego decides.

